Carmen se acomodó junto a Apollo en el sillón grande, las flores aún frescas en la mesa. Ella, con su camiseta azul que resaltaba su piel, y su falda blanca que se movía suavemente con cada gesto. Apollo, recostado, disfrutaba del ambiente tranquilo, pero el aire estaba por cambiar.
“Gracias por las flores, Apollo”, dijo ella, mirando su rostro. “Pero hay algo que tengo que confesar.” Apollo la miró confundido, sintiendo el nerviosismo crecer en el pecho. “Vi lo que buscas en tu computadora... páginas de maduras”, dijo Carmen, con una sonrisa en los labios. Él se quedó incómodo, sin saber como reaccionar. Pero antes de que pudiera decir algo mas, ella lo sorprendió. Se inclinó hacia él, sus ojos brillando con una intensidad inconfundible. Vamos champion!, hoy se hace realidad tu fantasía.
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