Blair y Kendra compartían más que solo un beso en el baño, sus cuerpos se alineaban con una familiaridad que parecía no haberse ido nunca. Los besos eran profundos, como si estuvieran atrapadas en un momento robado del tiempo, una mezcla de pasión y algo prohibido. Las manos de Kendra recorrían suavemente la espalda de Blair, mientras la tensión aumentaba con cada roce.
Jean, al oír los susurros provenientes del baño, no se alarmó. Observó desde la puerta, y después de un momento de silencio, entró con una sonrisa tranquila. Sin hacer preguntas, se unió, como si todo fuera parte del juego. Las dos rubias lo atraparon con deseo para llevarlo a la cama donde nada se reserva para el otro día.
Y a veces, cuando dejás a tu novia con el temblor en puerta, puede que venga a reclamarte, junto a una amiga, quiero mi orgasmo.