Ellie sabía cómo hacer una entrada. Con sus caderas moviéndose con cada paso, la joven se acercó a la casa de Juan como quien va a una misión. El sobretodo blanco caía suavemente sobre su figura, pero no estaba ahí para dejarlo puesto mucho rato. Los cafés humeaban en sus manos, pero la verdadera sorpresa venía en su interior.
Cuando el abrigo cayó al suelo, la lencería beige brilló como si fuera una señal del destino. Transparencias arriba, portaligas tira firme de medias parisinas y las bragas se esconden a modo sensual. Todo estaba en su lugar: perfecto, provocativo, sin un solo detalle fuera de lugar. La joven entró en la habitación con la sonrisa de quien ya sabe que va a ganar.
Juan, con la emoción escrita en su rostro, y las sábanas sin poder ocultar lo que vio, no tardó en dejar claro que el café podía esperar. Y vaya si lo hizo. Aunque a veces quien despierta es él y quien se emociona es ella, ahora ya sabe, mañana podrías sorprender a tu pareja.