Tony no podía ignorar los detalles que se le escapaban a todos. Los tacones que sonaban demasiado alto, el perfume que nunca se despejaba de la casa, y cómo Tiffany, la novia de su padre, siempre parecía "olvidar" el celular en la mesa. Una tras otra, las piezas del rompecabezas encajaban. Y cuando vio el vestido blanco, lo que nadie en su sano juicio habría querido confirmar, él lo hizo. Infidelidad. El amante, un tal Frank, ella se justificó por completo, alegando ocho meses de abandono por parte de su pareja.
Tony, claro, entendió. El tipo no podía satisfacer a Tiffany, pero él... sí. Después de todo, si su padre no estaba dispuesto a cubrir esos huecos, alguien tenía que hacerlo. Y Tony no era de dejar a nadie triste. No. Así que, cuando Tiffany necesitaba algo más que atención, él estaba dispuesto a darle lo que su padre nunca pudo. Al fin y al cabo, alguien tenía que hacer ese trabajo. Por suerte algunas antes se dan cuenta que no tienen que salir de casa.