Keiran solo iba a saludar… pero terminó atrapado en algo mucho más complicado. La nueva cuñada lo recibió con una toalla apenas sujetada y un “voy a darme una ducha, espérame” que sonó más a prueba que a aviso. Él, curioso de más, se asomó… sin saber que ya estaba en su juego. Porque al salir, como si no hubiera pasado nada, ella se puso a hacer yoga en el living. Calzas ajustadas, movimientos lentos y poses que no ayudaban a la concentración de nadie. “¿Podés sostenerme un momento?”, dijo con una mirada inocente que no convencía a nadie. Keiran ya no sabía si estaba siendo amable… o parte de una coreografía muy planeada. ¿Esto fue mucho?, pues si te digo que hay una cuñada que limpia desnuda que me decís.