Convivir con Alex se está volviendo una tortura para Nikki. No hay momento de paz, ni siquiera cuando intenta bañarse tranquila. Él siempre está allí, metido en todo, sin respetar ni un segundo de su espacio. Al principio, Nikki lo soportaba por compromiso, pero cada día se le hacía más difícil. Sin embargo, lo que comenzó como un calvario empezó a cambiar de forma inesperada. Con el tiempo, las pequeñas locuras de Alex comenzaron a excitarla, una chispa, una complicidad que no había visto antes. ¿Quién diría que todo ese caos terminaría convirtiéndose en una historia de amor? Quizás la frustración estaba solo disfrazando lo que de verdad sentía.