Súper profesional, preparada para todo, bajo el vestido rojo, lencería negra, por las dudas que el entrevistado quiera ir con preguntas mas a fondo. Frente a un espejo ultima detalles, pinta labios, peinado, aromas y acomodar el portaligas. Ya lista va al encuentro que en nada se convierte en beso y poco después queda servida. El ritual de preguntas y respuestas ha pasado a tercer plano, el reportaje es lo que menos importa. Enfrentada a algo de un porte descomunal, demostrará que si le ponen un micrófono delante, no solo es una sexy reportera, es la mejor.