La tabacalera suele ser un lugar de excéntricos que no llaman la atención ni siquiera de un policía. Pero este hombre, desde el segundo en que entró al local, hizo sentir su lado intrigante. El caminar, la forma de hablar y un perfume de esos que no se compran en el súper chino. De repente, una oferta, esas que apilan papeles, el cartel de cerrado ella misma puso. Con su camisa de seda fue a ver que era lo que quería, pero ya sabía de que se trataba. Por suerte hoy, había elegido el conjunto de transparente tul... No tengo dudas, quieres otro de Rissa,