Terminó la clase con la precisión de un disparo silencioso. Exámenes sobre su escritorio, miradas vacías huyendo hacia la puerta. Todos se fueron, menos Tony. Demasiado confiado para su promedio. Demasiado presente para su propio bien. Se acercó, lento, con esa mezcla de descaro y expectativa que Cory ya conocía. El intento fue torpe. Un roce que decía demasiado, una cercanía que no pedía permiso.
Ella lo detuvo, varios segundos después de volver a sentir sus dedos traviesos, con la misma firmeza con la que corrige errores en rojo. Tony se fue, derrotado pero con sonrisa. La maestra quedó sola. La silla vacía frente a ella no ayudaba. Tampoco la memoria: el vívido recuerdo de ese encuentro secreto estimuló el deseo de rendir su propio examen en soledad.
Así son ellas, encubiertas en sus fachadas de educadoras, pero sin poder ocultar ser mujeres fogosas.
Pero que pasaría si alguien mas se entera, que hará con sus secretos hot esta maestra.