La fidelidad empresarial, según Karla Kush, no se mide con hojas de cálculo. Se mide con sábanas arrugadas y miradas que tiemblan. Addison Lee, su secretaria, llegó con los papeles y una minifalda blanca resaltando muslos. El escote pronunciado no ayudaba a seguir siendo la tímida.
Al abrir la puerta, Karla no se molestó en fingir formalidades. Estaba en su habitación, sin ropa, sin pudor y sin prisa. La presencia de Alberto Blanco confirmaba que los lunes por la tarde no eran para informes. Addison parpadeó, atrapada entre el deber profesional y la gravedad de sus propias piernas.
Avanzó, torpe y curiosa. Tímida, sí, pero no ignorante. No sabía qué iba a pasar… aunque algo en su cuerpo ya lo sospechaba. La prueba apenas comenzaba y venía con sorpresa.
Como si fuera un destino marcado, el caso de Alexis, una secretaria atrapada en su ansiedad sexual.