Alexis nunca pensó que se encontraría en esta situación. No es que le molestara exactamente, pero sí que la desbordaba un poco. Nick, con su mirada fija y su actitud de mando, había dejado claro que las reglas de su casa serían muy diferentes. Alexis tendría que ser obediente, siempre disponible, dispuesta a hacer lo que él pidiera cada vez que suene la campana.
Aquel día, vestida con una camisa blanca que no podía considerarse "ropa de trabajo", pasaba el plumero por el salón, cada movimiento insinuando más de lo que parecía. La campana sonó, un sonido tan sencillo que despertaba algo mucho más profundo. Inmediatamente, su cuerpo reaccionó, y como si fuera una orden grabada, fue a su encuentro. Fingía hacerlo a regañadientes, claro, pero el brillo en sus ojos lo delataba.
"¿Qué necesitas, Nick?", preguntó con una mezcla de desafío y rendición. Lo que fuera. Sabía que este juego llevaría a encuentros mucho más interesantes. No es cuestión de buenas y malos, algunas se meten solas en el problema, como la rubia delicada que robó y la pillaron.