Su novio la presentó a Christian, un diseñador famoso de modas, que no solo puede ser un trampolín para su carrera de modelo. Al conocerla supo que estaba delante de un diamante casi pulido, solo debía hacer que sus vestidos reposen sobre ella. Comenzaron a trabajar juntos, hasta que un día, le pidió que se desnudará para tomar medidas. La sensación del aire en su piel, sabiendo que él no solo la podía ver puso las hormonas a mil. Sus gestos corporales parecían de timidez, pero era un intento frutrao de ocultar la excitación. Luego de todos esto, merecía vacaciones, esas donde volver a ser infiel es cuestión de ponerse un buen bikini.